miércoles, 8 de octubre de 2008

Agua que no haz de beber


La Flor de Flor.

Hoy en día y viendo como ha evolucionado el arte local, es raro encontrarse con que la obra de una joven artista sea 100% pintura, tradicional, hasta en bastidor, es tan poco entendible para nuestra pequeña sociedad artística que creo que puede llegar a ser incluso transgresor, al menos, esa es la sensación que me dejan estas pinturas acuáticas; sin duda no necesita un sobre intervencionismo espacial para pertenecer al joven mundo del Arte local.

Florencia Onetto ha evolucionado su técnica pictórica y su temática, la primera se agradece, siempre es un placer ver como un artista es leal a sus principios, crece, evoluciona, mejora su propia técnica, se hace más matea y eso se nota en un excelente resultado plástico, la segunda siempre me ha dado un poco más de susto, creo que los artistas en general crecen dando grandes saltos que no respetan procesos, o en otros casos se quedan pegados con lo que un día funcionó; en esta muestra se ve una evolución racional en la temática y el trabajo gráfico de las obras, se alcanza a percibir como estos trabajos en relación a los de su anterior muestra han crecido, ha probado y jugado con el formato y con pequeños, casi invisibles, elementos gráficos, son pinturas menos tímidas; más pictóricas y menos teóricas. Juega con las profundidades, con los colores, no es consecuente con las formas reconocibles por el espectador, juega y pasa por encima de las normas matemáticas de proporciones.

Desde el blanco y negro de sus primeros cuadros, a los rojos furiosos de los que sucederían, hasta una amplia paleta de colores que interactúan casi perfectos, los colores se unen fiel a lo que Flor quiso hacer con sus flores y sus aguas, se mezclan y entrelazan haciendo que la Sala de Arte de Casa Colorada se empape de cálidos y fríos, de superficies y profundidades, de dobles pinturas dentro de una sola obra, es sin duda un interesante, sencillo y bello trabajo pictórico, que bordea lo naif, pero que cuando ya te estás convenciendo de que lo es, se te cruza por el frente una espina y entiendes la ironía,  el doble mensaje del arte “tradicional” que nos presenta.

Vale destacar que, al menos ante mis ojos, este espacio de arte no es un lugar fácil de habitar, tiene ventanas y puertas que, de alguna manera, pueden ensuciar si el artista o curador que esté a cargo del montaje no es capaz de trabajar limpiando sus paredes, las obras pueden perderse en el camino. Camino que Florencia sorteo muy bien, sus trabajos son, indudablemente, los protagonistas en ésta Sala de Arte.

Para ver, para comprar, sin duda las obras de Florencia son bellos objetos decorativos, para empaparse de arte contemporáneo “tradicional” hay que visitar “Agua que no has de beber” en la sala de exposiciones del Museo Casa Colorada, en Merced 860.

viernes, 3 de octubre de 2008

Caja Negra en Museo sin Muros

Me suena muy coherente que un espacio como Museo sin Muros del Museo Nacional de Bellas Artes, haya acogido entre sus muros a los Talleres de Arte Caja Negra, en la celebración de sus 25 años de existencia.

Si bien las exposiciones que podemos ver en Mall Plaza Vespucio y Norte en Santiago; y Trébol en Concepción no son una recopilación visual de estos 25 años, si nos encontramos con textos, que se transforman en obras, en los cuales podemos leer parte de esta historia y comprender el por que de la larga vida.

Acercarnos desde lo visual y lo literal a los artistas que participan de esta muestra y de alguna manera también, al arte que no pertenece a los circuitos tradicionales, aunque igual nos encontremos con artistas consagrados que han construido su trayectoria hacia los circuitos de arte más institucionales o comerciales, como es el caso de Carlos Montes de Oca, que participa en esta exposición siendo uno de los que justamente no sorprende, no al menos al lado de los jóvenes que exponen junto a él en la Sala de Vespucio, que si tienen arrojo, voluntad y fuerza.

Entrar a esa Sala es toda una experiencia, es recorrer obras al muro, tales como, fotografías de Manuel Ormazábal, tolditos y pantallitas de televisión de Paula Rodríguez, pinturas como las de René Van Kildsdonk y Eva, una Artista Colombiana que pinta en pequeño formato, muy pequeño para Caja Negra, pero que funciona perfecto por su pulcritud y excelente montaje; hasta surfear altos pisos de Antonio Guzmán, con la cara de pinocho, el niño que miente y le crece la nariz, no el adulto que hizo eso y más; pantallas de tv con algunos divertidos y por supuesto otros no tantos videos arte, y los ya tradicionales paños camuflados de Víctor Hugo Bravo, hasta un increíble Estadio Nacional hecho con residuos, hallazgos y basura, lejos a mi juicio, la mejor obra en ese espacio; uno lo mira y da algo de temor sentir que el artista, Enrique Flores, luchó consigo mismo para no sobre saturar un espacio, dentro de otro espacio ya saturado por la cantidad de obras que ahí hay. Dentro de esa Sala y sin querer ser complaciente con los amigos destaco los pigmentos de Consuelo Lewin y la experimentación en cerámica de Melania Lynch, lejos dos de las artistas más consecuentes que conozco, al menos en el nunca bien ponderado “proceso creativo” del artista.

No se necesitan cédulas, no se necesita saber el nombre del artista, el que sabe, sabe; el que no lo intuye y si ya ninguno de esos dos casos son los que descifran nombres, no importa, Caja Negra no necesita etiquetar a sus personajes, parte de su trabajo es la colectividad y la pérdida de la autoría; y es eso justamente con lo que nos encontramos en Sala Norte; el gran CUBO, la gran Sala de Arte, la verdadera galería sin muros, que este grupo de artistas ha llevado a Argentina, al desierto, a la Moneda, a Valparaíso y a tantos otros lugares; verlo dentro de este espacio institucional resulta casi irónico pero funciona, es real, está el CUBO, ese objeto de deseo que todo joven artista quiere intervenir. Caja Negra lo hizo y ahora lo trajo al Bellas Artes, al menos a un brazo de éste.

El CUBO es un espacio bello dentro de ésta Sala, los que hayan visto estas galerías móviles antes, deben saber que no hay mucha forma de describirlo, es la unión de artistas que comparten un pequeño espacio, lo saturan y lo hacen ser obra, el CUBO deja de ser espacio virtual y pasa a ser una obra dentro de otras obras, lo cruzan unas cajas de madera de Sergio Cerón, le llueven neumáticos viejos, le cuelgan conejos, lo cruza una autopista con una micro del Transantiago, de José Tolosa, lo ilumina una pequeña lamparita con luz roja de Nicolás Raveau, que perfectamente podría ser el semáforo de la micro, ahí descansa una muñeca mutante de Ana Fell y por detrás cuida un pequeño y verde prado una gran cabeza de tela hecha por Melania Lynch. Todo esto rodeado por fotos y pinturas en las que destaco la juventud y rock de Javier Mansilla (con S), una lámina gigante del Güiro (no se su nombre) que nos muestra a un hombre vestido de "traje" plástico transparente, una excelente técnica fotográfica digna de apreciar, pero lamentablemente mal montada y una gigantesca palabra, que intuyo es en Braille, de Sergio Acevedo, un trabajo mínimo pero de gran formato y potente café, que a mí personalmente me gusto mucho junto al CUBO.

Por un asunto de logística y distancia no puedo escribir de Sala Trébol, técnicamente se que es un Sala que reúne la historia de La Caja, artistas consagrados y en formación son lo que ahí se encuentran, por lo que me parece un muy buen mix para que los penquistas puedan disfrutar de arte contemporáneo capitalino.

jueves, 2 de octubre de 2008

Inicio

Este Blog nace por mi propia necesidad de escribir sobre mi mirada del Arte, me doy cuenta que una de las carencias del medio cultural chileno es la falta de espacios de opinión. No solo se necesitan espacios expositivos para ampliar y oxigenar el circuito del arte contemporáneo nacional, también es necesario generar preguntas, debates y espacios que permitan enfrentamientos académicos e intelectuales entre los pares; saber cuanto influyen los lugares de donde uno viene frente a la mirada critica, contemplativa o indiferente que generan las obras de arte, las historias que cada uno carga, escuelas, barrios, familias, países, influyen en el momento de mirar.

Bajo estos cuestionamientos nace ésta publicación.

Así también quiero abrir una posibilidad de plantear problemáticas o asuntos que tengan que ver con la contingencia y arte nacional, como por ejemplo la moda o lo fashion en el arte; el “género” en el arte, la sexualidad y la mirada de los pares opuestos, frente a una obra.
Con respecto a esto último, es algo que me he estado cuestionando hace unos días y aunque no creo tener una respuesta concreta, sí creo tener la pregunta. Me bastó con ver dos muestras para caer en el cuestionamiento del rol de la mujer en el arte. La primera es de un hombre, Rodrigo Cabezas, que dentro de la exposición que se exhibe actualmente en nuestro Museo Nacional de Bellas Artes tiene una notable parte dedicada a lo que pintaría si fuera mujer. Lógicamente todo lo que vemos en estos muros está lleno de ironía y humor, no siendo ésta parte de “Lo que yo pintaría si fuera…” una excepción y seguramente como no soy pintora pude reírme a carcajadas sin sentirme ofendida, y realmente disfrutar de la obra.
El plantea una postura “domestico-romántica” del trabajo de las mujeres, donde la rebeldía solo queda en intento y el romanticismo en cebollada picada bien fina, llena de fetichismo y obviedad. A veces tristemente logra acercarse a obras que he visto en algunas colegas artistas y menos mal, en otras tantas, queda bien lejos; será que el arte o los artistas nacionales no quieren ver mujeres con opinión, con menos siutiquería y lejos de lo naif que tenemos en nuestro imaginario colectivo; será que muy pocas mujeres se atreven a alejarse de este lugar; será que no hay espacios suficientes como para poder mostrar más miradas que la típicamente conocida; será que a los espacios tradicionales de exhibición de obras de arte de alguna manera le acomoda esta mirada naif de las mujeres en el arte.
Esto se opone rotundamente y me sentí horriblemente machista al ver la obra de la artista boliviana Narda Alvarado, “Good, regular and bad”, donde propone ideas para hacer obras de arte, clasificándolas en buenas, regulares y malas, tal como lo dice el título de la obra, perteneciente a la actual selección de la Bienal de Sao Paulo, “Cómo vivir juntos”, que se exhibe en el Museo de Arte Contemporáneo en la Quinta Normal. Por un problema de cedulas, la mala ubicación de éstas y el inmenso desorden en que están ubicadas, empecé a ver su trabajo sin saber quien era él o la artista, permitiéndome esto imaginar su sexo, país y edad. Su obra, crítica al movimiento de arte actual, al “marco teórico” que tanto gusta en Chile, llena de ironía sin recato, me hizo pensar en que el artista era hombre, un latino crítico y con mucha personalidad para decir a través de la obra lo que opina del estado actual del arte, de los artistas, de sus pares, de él mismo. ¡Al finalizar el recorrido por su trabajo me vi gratamente sorprendida, era una mujer! Y sin más no pude si no abanderarme a esta dama, transformándose de inmediato en mi trabajo favorito de toda la exhibición. Es una muestra muy buena, muy completa e imperdible, pero tengo que destacarla con mención especial. Ella respondió varias de mis preguntas y me hizo creer que son más que solo unas pocas las que están saliendo de las casillas impuestas por esta sociedad machista del arte.
Ella a través de este trabajo golpea fuertemente a Rodrigo Cabezas y su mirada acerca de lo que pinta una mujer, así también golpea fuertemente a esa mirada universal que tenemos de las obras generalmente obvias y sin contenido aparente que tienen los trabajos de tantas colegas féminas. Será que nos han enseñado que solo los grandes artistas son hombres y son ellos quienes pueden criticar, reírse y plantear problemáticas reales en las obras; será que generalmente las mujeres quieren defender su rol tan fuertemente en el arte que suelen caer en observaciones obvias y poco enérgicas a la hora de crear una obra; será que el feminismo es igual o más dañino para la vida y en este caso para el arte que el machismo, para esta sociedad en que “supuestamente” somos todos iguales.



8/4/07